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La ropa que utilizamos cada día no es un simple conjunto de piezas funcionales. El vestuario articula memorias, deseos, códigos culturales y formas de habitar el cuerpo. A través de las prendas, las personas expresan quiénes son, quiénes aspiran a ser y cómo desean interactuar con su entorno social. En este contexto, comprender el vestuario como un sistema simbólico y comunicativo resulta fundamental para analizar los procesos de identidad contemporáneos. La investigación desarrollada por Sandra Milena Palacio López y Carlos Andrés Arango-Lopera se adentra precisamente en este terreno, proponiendo un instrumento metodológico que permite identificar, con rigor y sensibilidad, los significados que emergen del uso del vestuario y su papel en la construcción de la identidad de género.
El estudio integra diversas perspectivas teóricas de manera innovadora. La lógica trial de Peirce y la teoría de los imaginarios de Armando Silva sirven para comprender cómo los elementos del vestuario contienen cualidades propias, se insertan en la realidad social y finalmente se convierten en mediadores simbólicos entre el individuo y su entorno. A estas bases conceptuales se suma la metodología de análisis de objetos propuesta por Federico Medina, que permite estudiar la dimensión material, funcional y comunicativa de los objetos. Finalmente, el Modelo FEA aplicado al diseño de vestuario aporta una mirada integral que considera simultáneamente la estética, la función y la expresión de cada prenda.
El resultado de esta articulación es una herramienta potente y versátil que facilita explorar el vestuario como producción social de sentido.
El instrumento propuesto se organiza en distintos niveles que permiten una lectura progresiva del vestuario. En un primer nivel, la caracterización estética y material de cada prenda revela su estructura, su forma, su textura y la relación física que establece con el cuerpo. Esta aproximación permite observar el elemento en su “primeridad”, es decir, en su cualidad más esencial y no mediada, atendiendo a aspectos como la morfología, el tamaño, el color o los gestos y posturas que acompañan el acto de vestir.
Un segundo nivel profundiza en la función social del vestuario, analizando cómo las personas usan cada prenda, qué significados prácticos o afectivos le atribuyen y cómo estas piezas acompañan procesos vitales. Aquí aparece la “segundidad”, donde el vestuario se revela en su dimensión de experiencia: cómo circula, cómo se transforma y cómo puede resignificarse en función de necesidades personales o comunitarias. Desde esta perspectiva, la prenda se convierte en un indicador de trayectorias, tensiones y posibilidades identitarias.
Finalmente, el nivel de mediación simbólica permite acceder a la “terceridad”: la dimensión de los imaginarios. En este espacio, el vestuario se entiende como un mediador entre el yo y lo social, como un lugar donde se proyectan aspiraciones, emociones, metáforas y valores compartidos. Esta mirada resulta especialmente valiosa para analizar las experiencias de personas transgénero, quienes utilizan el vestuario como un recurso expresivo y afirmativo para negociar su identidad en contextos donde los códigos de género son a menudo restrictivos.
El instrumento permite indagar cómo las prendas acompañan procesos de reconocimiento, resistencia o transformación identitaria.
Para asegurar su validez, la herramienta fue sometida a un proceso de evaluación por parte de expertos en imaginarios, vestuario e identidad. Mediante una valoración estructurada que revisa la pertinencia y coherencia de cada ítem, los especialistas contribuyeron a refinar y consolidar el instrumento, garantizando su solvencia teórica y su aplicabilidad en estudios cualitativos de diversa índole. El proceso concluyó con una versión final que integra lo mejor de cada enfoque.
Además de su rigurosidad metodológica, este estudio ofrece un aporte significativo a la sociedad. En un momento en que las identidades de género están en el centro de los debates públicos, disponer de herramientas que permitan comprender cómo las personas construyen y expresan su identidad a través del vestuario es fundamental. La propuesta metodológica facilita una lectura no estigmatizante del cuerpo y de las prácticas estéticas, y ofrece un marco para reconocer la legitimidad y complejidad de las trayectorias identitarias. Asimismo, aporta insumos valiosos para profesionales del diseño, la antropología visual, los estudios culturales y la psicología social, quienes encontrarán en este instrumento una vía clara para analizar cómo la ropa se convierte en un espacio de agencia, significado y transformación.
Este trabajo también tiene un valor académico notable. La integración coherente de teorías semióticas, análisis de objetos y modelos del diseño de vestuario no solo enriquece la investigación empírica, sino que expande las posibilidades metodológicas del estudio de los imaginarios. Es una contribución sólida, bien fundamentada y con potencial para generar nuevas líneas de investigación en el campo del diseño, la moda y los estudios sobre el cuerpo.
En conjunto, la herramienta desarrollada por los autores permite comprender el vestuario como un territorio donde se entrecruzan la materialidad, la experiencia y la simbolización. No se trata de un simple análisis de prendas, sino de una invitación a mirar cómo, a través de lo que vestimos, construimos espacios de identidad, de expresión y de participación social. Esta propuesta metodológica no solo ilumina procesos individuales, sino que contribuye a comprender mejor cómo una sociedad se narra y se reconfigura a través de la estética cotidiana.